¿A QUÉ LE LLAMAMOS MEDITAR?
Ciertamente, en occidente aún no tenemos muy claro a qué le llamamos meditar. Pareciera que meditar es una expresión genérica o no específica de una intención que difiere de tradición en tradición espiritual.
Un renombrado maestro perteneciente a una tradición yogi, menciona que lo que nosotros llamamos meditación, generalmente suele ser una suerte de relajación del cuerpo acompañada de una contemplación del devenir de la experiencia. Algunas veces solemos configurar un escenario particular con imágenes mentales de lugares donde enviamos a nuestros pensamientos a acariciar esa experiencia.
Pero ¿qué dicen los buddhistas sobre la meditación, qué es?
En todas las tradiciones buddhistas podemos encontrar la doctrina dividida en tres grande áreas, Sila, Samadhi y Pañña. En otras palabras, la ética, la meditación y la sabiduría o el conocer.
Samadhi, se traduce como un nivel profundo de concentración, tan simple como eso, pero, que hay que hacer para llegar allí?... meditar.
Ahora bien, cuando los buddhistas (y otras tradiciones orientales) hablan de meditar se refieren básicamente a dos aspectos generales; el cultivo (bhavana) y el trabajo (Kammatthana) con la inmaterialidad (NAMA)
En este proceso de cultivar y trabajar con nuestra inmaterialidad son muchos los caminos que podemos tomar, variadas las técnicas y variadas las intenciones. Existen diferentes y numerosos instrumentos, objetos y técnicas... y lo conveniente es que sepamos que necesitamos y qué debemos hacer y que estamos haciendo y que está sucediendo en nosotros cuando meditamos.
Por lo tanto, muchas veces los meditadores occidentales nos quedamos en el establecimiento de las condiciones de la meditación, sentados y a la espera que suceda algo, la iluminación.
El paño es grande y hay mucha tela para cortar, pero algo que debemos empezar a comprender es que meditar es una acción que puede tener un variado esquema de trabajo y que aunque de afuera veamos a todos los meditadores iguales, los trabajos que realiza cada quien y sus resultados pueden ser muy diversos, tanto como los que la persona necesite. Puede necesitar desarrollar la reflexión, cualidades éticas o la quietud, la renuncia, la atención plena, la concentración profunda, la fe, puede necesitar vencer la pereza, la ira, la lujuria, etc.
Por otra parte, la meditación no es un acto desprendido de todo el resto de nuestra vida, por el contrario, es donde converge toda nuestra cotidianidad, toda nuestra historia espiritual de esta existencia e incluso de existencias anteriores y futuras.
Por último, no es posible trabajar con precisión en nuestra meditación si no sabemos cómo estamos constituidos, tanto material como inmaterialmente, es decir, conocer las influencias de nuestro cuerpo en la experiencia así cómo conocer los componentes que estructuran nuestra inmaterialidad y que surgen, cambian y desaparecen y vuelven a surgir en la meditación.
La meditación no sólo es para conocernos, sino, para aprender a intervenir en nuestra experiencia cada vez que lo necesitemos, tanto en el cojín como en la vida cotidiana.

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