BUDDHISMO EN RED



    Los humanos tenemos la facilidad de adaptarnos mucho más rápido a los cambios que el resto de los seres que viven en nuestro mundo, y tal vez, esta ventaja nos garantiza en cierta forma y medida, la posibilidad de supervivencia en las condiciones más extremas posibles. Sin embargo, esta misma condición, en muchas oportunidades carece de prudencia, ya tenemos abundante experiencias lamentables en este sentido. ¿Será esta la situación actual que experimenta el proceso de integración y divulgación de las enseñanzas del Buddha? ¿Cuáles son los desafíos que se nos presentan ante incorporaciones tan arrolladoras como el potencial comunicacional de la tecnología?

    En primer lugar, debemos analizar la situación de la expansión e integración de las diferentes corrientes buddhistas en occidente, ya que cada tradición obedece a diferentes variables en sus preceptos y la disciplina que observan. Como ya sabemos, a groso modo, están los ortodoxos denominados buddhistas Theravadas o del sudeste asiático y por otro lado el buddhismo Mahayana que se expande mediante la acción del sincretismo como forma de adaptación rápida a la cultura local y se conoce como buddhismo del norte.

    En el caso del buddhismo Mahayana, existen credos en donde los monjes pueden trabajar y manejar dinero. Eso representa operativamente algunas ventajas, ya que la necesidad imprescindible de una comunidad capaz de sostener la economía de un templo o monasterio o incluso simplemente el sustento de un monje, se puede obviar.

    Sin embargo, otra situación se presenta en la tradición Theravada donde la disciplina monástica impide que el monje trabaje, maneje dinero, almacene recursos o incluso, pida de forma directa algún tipo de ayuda, el monje debe esperar que los creyentes laicos ofrezcan recursos o consulten al monje si sus necesidades están cubiertas. Es así como la expansión de las diferentes tradiciones avanza a la velocidad que permite el cumplimiento de sus normas, disciplina y preceptos.

    Ahora bien, en medio de esta situación irrumpe esta maravillosa herramienta que ha permitido hacer llegar toda la enseñanza a mucha más personas que desean conocer, estudiar y practicar el buddhismo de las diferentes tradiciones.

    Pero tenemos algunas dificultades que empiezan a hacerse presente en medio de tantos beneficios que nos ha ofrecido la tecnología. Si ponemos en la balanza lo institucional y funcional en cuanto a las posibilidades del sector monástico emergente en occidente, el uso de estos recursos es altamente positivo. Sin embargo, debemos cuidar que esto no represente una licuación de la comprensión y la experiencia del entrenamiento.

    ¿Que significa esto?

    Todos sabemos que estamos en una etapa de establecimiento del buddhismo y sus costumbres en occidente y esto naturalmente necesita un proceso de asentamiento. Asentamiento este que el monje debe lograr de la mejor manera y sin violar sus preceptos y normas al formar una comunidad local o externa que, mínimamente, le proporcione los recursos necesarios para sostenerse. Esta situación hace que los monjes se vean en la necesidad momentánea de comprimir la doctrina en sesiones de Zoom, mensajes en WhatsApp, discursos en Youtube, textos en PDF, etc., para llegar a más personas en una cultura occidental que no entiende aún el rol de la generosidad en esta relación. Mientras en los países de oriente nadie se cuestiona sostener sin prejuicios un templo, monasterio o monje, en occidente hay una gran resistencia aún.

    Las ventajas de la tecnología es enorme, no podemos negar que nunca antes hemos tenido tantas posibilidades de acceder a las enseñanzas del Buddha y los monjes la están usando muy hábilmente. Pero nos falta algo muy importante y es que nada de esto es entrenamiento, ni siquiera los honestos y sinceros intentos de retiros online o instrucciones detalladas para las prácticas diarios son entrenamiento.

    Por lo tanto, es de suma importancia que esto se explique muy bien por parte de quienes difunden y sostienen prácticas a distancia porque de lo contrario las personas interesadas que iniciaron sus estudios y prácticas online, pronto se frustrarán ante las expectativas  creadas por las sanas intenciones de quienes las imparten.

    La experiencia de un entrenamiento real y la comprensión experiencial, requiere que el interesado haya tenido, al menos, un contacto mínimo directo con ello. Es decir, un retiro de entrenamiento intenso de varios días a modo de conocer en carne propia la cotidianidad de aquellos que se dedican seriamente y a fondo a reformar su condición espiritual e inmaterial. Experimentar el silencio prolongado, una comida al día, el no contacto físico, la práctica de cánticos, muchas horas de meditación y un total esfuerzo sincero en el cultivo devocional en el corazón es entrenamiento. Esto es la experiencia mínima para comprender algunas de las cosas que deberían estar presentes en nuestra vida cotidiana. 

    Todo lo demás es útil y necesario, pero ni miles de monjes o miles de libros instruyéndote son capaces de igualar un sólo instante de quietud en tu interior.

    No mueras sin conocerte, busca la experiencia, eso te cambiará.

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